23 mar 2021

Crónica de un hermano hispano-cubano


Ocurrió lo inimaginable... Algo que ni mi padre, ni yo ni el resto del mundo nos habíamos esperado... Algo que resulta ser una larga historia, tan larga que trataré de ser lo más breve y escueto posible para todos vosotros...


Todo empezó hace cuatro años. Tras una larga experiencia laboral en el Hotel Kempinski de Estepona, a mi padre le ofrecieron un trabajo en un nuevo hotel de la familia en Cuba, el Gran Hotel Manzana Kempinski, el cual le proporcionaría una habitación para vivir cerca de dicho trabajo. Sería el comienzo de un cambio drástico en su vida, aunque él aún no lo sabía.


Sin embargo, esto no le hizo dejar de lado a su familia. Volvería a España de cuando en cuando, especialmente para estar conmigo, con mi hermana mayor Teresa y con mi madre, para celebrar mi 18º cumpleaños y verme pasar a ser mayor de edad. Incluso Teresa decidió hacerle una visita en el hotel, pero eso es otra historia (que yo, naturalmente, no contaré, puesto que no fui testigo presencial de este acontecimiento).


Durante su estancia y trabajo en Cuba, conoció a una mujer, Zenia, que acabaría siendo el amor de su vida. Como todo amor verdadero, fue surgiendo lentamente hasta que los dos corazones se juntaron. Ambos tuvieron ciertas complicaciones, pero ningún obstáculo les detuvo. No en vano, este amor es auténticamente extranjero, tanto que, de hecho, el nombre de Zenia significa "extranjera". Esto último es un dato curioso que creo que vendría bien saber.


Y entonces... ocurrió. Zenia estaba embarazada. Mi padre volvería a ser padre por tercera vez, casi 19 años después de mi nacimiento. Además, parece ser que tiene establecidas unas leyes para tener otro hijo: mismas iniciales y mismo mes de nacimiento. El primer apellido de Zenia empieza por la misma letra que el de mi madre, y el que se convertiría en su hijo y en mi hermano pequeño estuvo esperando tanto tiempo como fuera posible para poder nacer el mismo mes que Teresa y yo...


1 de mayo de 2019. 17:21 en Cuba, 23:21 en España. Ignacio Aranda Gainza, o "Nacho" para sus conocidos, nació. No nació en un día de número par como sus hermanos españoles, ni cercano a sus cumpleaños, ni en un año de número par como ellos, pero sí el mismo mes que ellos. Como todos los amantes del horóscopo habréis averiguado, es un Tauro, el segundo de mi padre, después de Teresa (mientras que yo, el hermano mediano, soy Géminis).


El nacimiento de Nacho supuso un cambio de hábitat para mi padre y una razón lógica para casarse con Zenia. Al fin y al cabo, podía permitírselo (ya os podéis imaginar por qué, pero tengo que ser específico, aunque no tanto directamente, para que no haya controversias). Por eso, el 22 de agosto de 2019, tres días antes del 57º cumpleaños de mi padre, resultó ser el día ideal para atar cabos. Desafortunadamente, esta unión no se pudo celebrar a lo grande; fue más bien una boda íntima, con al menos trajes adecuados para la ocasión y fotografías realizadas con el móvil por una amiga que fue testigo de que se hiciera oficial. Esta boda no sólo les afectó a mi padre y a Zenia, sino también a Teresa y a mí, pero para bien: Zenia ya tenía dos hijas y un hijo antes de dar a luz a Nacho, por lo que mi padre expandió nuestra familia con ellos gracias a la unión, convirtiéndolos oficialmente en sus hijastros (hermanastros para Teresa y para mí), mientras que Teresa y yo nos convertimos en los hijastros de Zenia (hermanastros para sus hijos).


La vida de mi padre estaba cambiando para bien en algunos aspectos y para mal en otros. Ha aprendido a valorar las pequeñas cosas que se pueden llegar a tener en lugares donde no se puede ser tan afortunado/a como en otros. Es más, tales son esas pequeñas cosas que apenas hay productos para vivir en Cuba, ya sean alimentos, medicinas, etc. Ni siquiera la tecnología es abundante o de calidad decente (al menos, en parte de ella). Por no mencionar el clima, que consiste en altos niveles de humedad que provocan un calor intenso sin importar el tiempo, y huracanes a diestro y siniestro. Y aun así, la gente de allí son unos supervivientes.


A finales de 2019, mi padre volvió a España y empezó a vivir en una antigua casa de mi tito Christian para establecer su nueva parte de la familia ahí. A partir de entonces, durante sus previas vacaciones en nuestro país, y hasta ahora, mi padre se ha comunicado con Zenia y sus hijos para evitar preocupaciones y añoranzas. Yo he sido testigo de algunas de sus abundantes comunicaciones, y he de decir que no ha sido fácil comunicarse con ellos debido a la mala calidad de las telecomunicaciones de Cuba.


Lo último que quedaba por hacer era traer a Zenia y a Nacho a España. Teresa y yo nacimos en Málaga, pero nuestros padres viven en Marbella, por lo que sólo necesitaban transporte, entre otras pocas cosas, para llevarnos a nuestro entonces nuevo hogar. En cambio, Zenia necesitaba papeles, Nacho necesitaba un pasaporte español... Podrían haber estado aquí desde el año pasado de no haber sido por el virus que invadió el mundo y que aún sigue aquí... Mi padre tuvo que irse de vacaciones a Cuba por última vez entre finales del año pasado y principios de este para seguir ocupándose del asunto con más facilidad... Tras muchos esfuerzos, muchos recursos y largas esperas, por fin cumplían con los requisitos para el viaje. Finalmente, pasaron por los dos primeros viajes en avión de sus vidas (es decir, uno a Madrid y otro a Málaga).


Y así, tras el fin de semana que dio comienzo a la primavera (no al verano, como dice la toalla de la foto; "hello, summer" significa "hola, verano" en inglés), esta semana empezó bien ayer con la llegada de Zenia y Nacho a su nuevo hogar, en un país aún desconocido para los dos. Y han venido para quedarse; nada ni nadie les dirán lo contrario. Por desgracia, no todo va bien actualmente: además de que, como ya he dicho antes, la invasión del virus sigue en pie, mi padre fue hospitalizado al principio de este mes (no por el virus, afortunadamente), y aún sigue así, por lo que no ha podido darles esa calurosa bienvenida que tanto se merecían. Esperemos que todo salga bien y mi padre pueda curarse lo antes posible para que la familia vuelva a estar unida.


En fin... Bienvenido a España, Nacho, mi hermano pequeño extranjero. La vida es toda una aventura, y por eso mismo, no puedo evitar pensar en esta frase en inglés que ahora viene que ni pintado: "And so, the adventure begins" ("Y así, la aventura comienza").


¡Eso es todo!

12 oct 2020

Que no te coman las Chilches, que me da Macharaviaya


Aprovechando un corte de luz inesperado en la casa donde vive mi padre, él y yo, junto con Miguel Ángel, Montse, Mónica, Meli y dos compañeros más, los hermanos "Enzoe" (el hermano llamado Enzo y la hermana llamada Zoe), salimos de casa ayer para explorar con ellos el horizonte cercano a la casa de la familia M (con dos de sus miembros ausentes; una vez más, fueron Marta y Miriam).


El pequeño comienzo de la ruta nos llevó a un túnel, y no muy lejos, estaba nuestro primer destino a atravesar: Chilches. No hubo chinches, y el pueblo estaba muy tranquilo; al fin y al cabo, era domingo.


Nuestra aventura no terminó ahí. Cuestas y más cuestas tuvimos que subir. Disparos de cazadores tuvimos que oír. Perros y caballos no andaban muy lejos de nosotros. Y tras varios kilómetros, llegamos a la Fuente del Horno (que es más bien un pozo), para después tomar la correspondiente foto de grupo. Con una cuesta más en zig zag, llegamos a nuestro destino final: Macharaviaya. No nos dio mucha rabia andar desde la fuente hasta el pueblo; al contrario, ya nos estábamos alegrando de terminar el trayecto al fin.


El coche de Miguel Ángel estaba ahí. Él ya lo tenía todo planeado desde el principio. La excursión fue muy simple a pesar del sufrimiento que pasamos todos de varias maneras, que luego se compensó con una paella en casa de la familia M (donde estuvieron presentes todos sus miembros).


Y a descansar. En cuanto a vosotros, si surge un corte de luz o algo similar en vuestras casas y os gusta andar, os animo a aprovechar el contratiempo para salir de ella y explorar el horizonte que tengáis cerca.


¡Eso es todo!

20 jul 2020

Agua a mansalva

Hoy voy a hablar de fuentes y de puentes, para hacer una rima. Tres fuentes y tres puentes vistos ayer, para ser más concreto. Así conoceréis otro lugar donde refrescaros en este siempre caluroso verano.


Miguel Ángel ataca de nuevo. Esta vez, mi padre y yo acompañamos a él, a Montse, a Mónica, a su perrita Meli y a un compañero más por una ruta en Arriate que ni estaba seca ni estaba mojada, aunque, en realidad, el agua pasaba por debajo de los puentes. Y ahora, permitidme presentaros a las dos primeras fuentes que nos encontramos por el camino:


Primera fuente: Fuente de los Cañolillos. Fuera de servicio.



Segunda fuente: Fuente de la Tejilla. En servicio.



La segunda fuente no está lejos de la primera, así que no os preocupéis si os entra sed pero podéis aguantar hasta este punto.


Pasado el primer puente, llegamos al segundo enseguida. Montse quiso ser inmortalizada en él junto con Meli, y yo lo hice encantado.



Caso similar para mi padre, pero él no quiso mostrar su sonrisa que llevaba tras la mascarilla reglamentaria por la situación actual.



Tras un pequeño recorrido, acompañado del compañero...



...nos encontramos con dos compañeros más. Ellos no nos siguieron a nosotros, sino a su propio rumbo. Esta vez, mi padre sí quiso mostrar su sonrisa.



Ya estábamos en el segundo puente. Montse decide inmortalizarse con Meli en este también.



Miguel Ángel se une al grupo. Montse no duda en mostrar su sonrisa a su lado.



Y mi padre los echa a patadas, volviendo a mostrar su sonrisa para expresar su triunfo.



Habíamos visto un cartel sobre un busto que hay en una pared de la montaña (a lo Monte Rushmore). Desafortunadamente, la vegetación lo escondía desde donde andábamos nosotros, así que no hay foto del busto. A menos que os salgáis del trayecto (lo cual no me parecería muy seguro, por la vegetación), no podréis verlo en persona.


Mónica no podía andar más, así que Montse, Meli y el compañero decidieron quedarse en este sitio. Miguel Ángel, mi padre y yo reanudamos la ruta. Como podéis ver, mi padre necesitaba aire fresco; tuvimos la suerte de que no había mucha gente para disfrutarlo.



Cuando nos aproximamos a la autopista, que estaba debajo de nosotros, paramos para desayunar y dimos la vuelta. Nuestros compañeros seguían en el mismo sitio, disfrutando del agua del río. Tras un breve descanso y el avistamiento de un hombre que se cayó por accidente a una "cama" de espinas (el accidente fue leve; el hombre está bien), seguimos andando.


Montse y Meli tenían muchas ganas de terminar la ruta ya, pasando por el primer puente con alegría por saber que el fin de la trayectoria estaba cerca.



Para rematar la aventura, pasamos por una venta para comer. Cerca está la "ansiada" tercera fuente.



Y listo. Cogimos el coche y volvimos a casa. Aseguraos de llevar agua encima, pero es mejor si aguantáis hasta la segunda fuente, para no gastar mucha, que hay gente que no es tan afortunada como nosotros.


¡Eso es todo!

21 jun 2020

Víspera del solsticio de verano


Hace tres meses, ocho días antes del equinoccio de primavera, todo el mundo fue obligado a quedarse en casa debido a una pandemia causada por un virus mortífero originado en China el año pasado (de cuyo nombre no quiero acordarme), a menos que hubiese algún asunto importante que atender que requiera salir de casa, como hacer la compra o pasear a los perros; en cuyo caso, había que ponerse una mascarilla y cumplir unas normas de seguridad e higiene. Tres meses después, el virus sigue activo y dichas normas aún tienen que ser respetadas (eso no quiere decir que todo el mundo lo esté haciendo; tanta irresponsabilidad está causando numerosos contagios y muertes), pero al menos fuimos liberados del confinamiento. Incluso antes de dicho acontecimiento, los chinos estaban fuera de sus casas y llevaban puestas las mascarillas, y mi padre y yo fuimos testigos de ello durante nuestro viaje a Francia (redactado en la entrada anterior, pero sin pruebas del caso).

El día antes del comienzo del verano (es decir, ayer), Miguel Ángel, Montse, Mónica y su perrita Meli, nos guiaron a otras familias, a mi padre y a mí a una cascada en Tolox (a mí Miguel Ángel me dijo que había reservado hora para visitarla; menudo bromista está hecho, y menudo inocente estoy hecho). Fue el lugar ideal para darse un buen lavado de cara y refrescarse por completo antes de empezar la temporada más calurosa del año. Más tarde, los "hombres" de la excursión (por "hombres" me refiero a Miguel Ángel, a otro compañero más, a mi padre y a mí) subimos más arriba (por otro camino, no por la cascada) para ver la poza; sin embargo, estaba tan lejos, hacía tanto calor y no había tanta agua por el camino por el que andábamos, que decidimos dar la vuelta y reunirnos con el resto de compañeros. Una vez estábamos de vuelta en el coche, mi padre y yo volvimos a casa.

Ya puede dar comienzo el verano. Pero la pandemia aún no se ha dado por terminada, así que acordaos de respetar las normas. Yo no pienso repetirlas aunque no lo haya hecho en ningún momento; tenéis que recordarlas vosotros.

¡Eso es todo!

28 ene 2020

"Deuxième visite à la France" ("Segunda visita a Francia")

Oh là là! Sí, esta es la segunda vez que voy a Francia; la primera no la redacto porque ocurrió hace años y hay mucho que recordar. En ocasiones tenemos que satisfacer las necesidades de los demás. Pero no todo puede salir bien siempre.

Mi madre llevaba anhelando viajar conmigo desde el año pasado. Sin embargo, nada más empezar la semana, un pequeño problema de salud conllevó grandes consecuencias: aun habiendo aceptado el regalo sorpresa de Reyes Magos que mi hermana mayor Teresa y yo le hicimos a base de perfecta discreción y finanzas, mi madre ya no se sentía capaz de viajar este recién pasado fin de semana a París. Teniendo en cuenta los gastos que esto supuso, yo no estaba dispuesto a echarme atrás, así que mi padre, quien es un viajero con experiencia (el hecho de tener primas francesas también suma), decidió ser mi nuevo compañero de viaje a cambio de gastos realizados por él mismo para escribir su nombre en el viaje.

A continuación, os iré relatando todos y cada uno de los días del viaje, como si esto se tratase de una auténtica bitácora...

Día 1. Viernes, 24 de enero de 2020. A las 3:00, mi padre y yo tuvimos que despertarnos para prepararnos para el viaje. El taxi nos esperó desde las 3:10 para llevarnos al Aeropuerto de Málaga. A las 5:00 tocaba embarque en el avión para despegar a las 5:50. Me alegró mucho poder montar en avión por vez cuarta en mi vida, y la primera para ir a Francia (la última vez, viajé en coche); me encantan los aviones.

Tras aterrizar en el Aeropuerto de París, ya eran las 8:30, y la diferencia de temperatura empezó a notarse con tan sólo salir del avión; hacía mucho frío allí. Había que coger otro taxi para ir al Hotel Opéra Deauville.

Llegamos al hotel. A partir de entonces, nos dimos cuenta de que pasaríamos por varios cambios de temperatura. Tras instalarnos en nuestra habitación, salimos para desayunar. Ahí es cuando iniciaríamos de verdad nuestro primer día de turismo por la ciudad de la luz.

Nada más empezar a caminar, nos encontramos con "une tour des horloges" ("una torre de relojes").


Y ahora, unos edificios a destacar...

Grands Magasins du Printemps ("Grandes Tiendas de Primavera")


Opéra ("Ópera"; la de verdad, no la discoteca tal como la llaman los jóvenes de hoy en día...)


Academie Nationale de Musique ("Academia Nacional de Música")


Conseil d'État ("Consejo del Estado")


Y tras la entrada del denominado Carrousel du Louvre ("Carrusel del Louvre")...


...se sitúa lo que todo el mundo ya debería conocer: le Musée du Louvre ("el Museo del Louvre"). Mi padre y yo no entraríamos dentro hasta el domingo.


Gustave también nos estaba esperando desde lejos. También tuvo que ser paciente hasta el domingo.


Cabe destacar los cuervos. Los hay por todas partes, protegiendo tanto puertas...


...como a Louis XIV ("Luis XIV").


También hay perros jugando por los jardines. Podemos ver a uno por un lado...


...y a otro por el otro lado.


Aquí terminó el paseo. Tras la hora de comer y un pequeño paseo, mi padre y yo decidimos dar por concluido este día y dirigirnos al hotel para descansar. Con la cena de por medio, tocaba ver la televisión francesa en la cama. Aún echo de menos la televisión francesa...

Día 2. Sábado, 25 de enero de 2020. Con un despertar, una preparación y un desayuno rápidos, mi padre y yo nos reunimos con un guía y otras personas en el denominado Fort du Saint-Michel ("Fortaleza de Saint Michel") a las 11:00 (en realidad, dio comienzo media hora antes) para una excursión por algunos de los lugares y elementos más importantes de París, como Notre-Dame.

He aquí una exposición de nuestras paradas durante la excursión...

"Première arrêt" ("Primera parada"): Palais de Justice ("Palacio de Justicia")


"Deuxième arrêt" ("Segunda parada"): Boulevard du Palais ("Bulevar del Palacio")


"Troisième arrêt" ("Tercera parada"): Pont Neuf ("Puente Nuevo"). Vista del denominado Pont des Arts ("Puente de las Artes")


"Quatrième arrêt" ("Cuarta parada"): Hôtel de la Place du Louvre ("Hotel de la Plaza del Louvre")


"Cinquième arrêt" ("Quinta parada"): Musée du Louvre (la traducción de su nombre al español la podéis leer si os fijáis bien en la foto)


"Sixième arrêt" ("Sexta parada"): Place Vendôme ("Plaza Vendôme")


Ahí mismo fue donde se pudo dar por concluida la excursión. Algunas personas siguieron avanzando, pero mi padre y yo preferimos ir a comer por nuestra cuenta; ya habían pasado dos horas. Tras la correspondiente alimentación de mediodía, volvimos al hotel. Llegó la hora de descansar, con la cena de por medio y la televisión francesa, por segunda y última vez.

Día 3. Domingo, 26 de enero de 2020. Mi padre pasó una mala noche debido a los intensos cambios de temperatura constantes. No obstante, aún no se dio por vencido; tras el desayuno, fuimos a nuestro siguiente destino preestablecido a las 10:30: le Musée du Louvre.

No estuvimos mucho tiempo allí dentro debido al malestar de mi padre. Sólo el suficiente para llegar hasta La Joconde ("La Gioconda"), el centro de atención del lugar. No saqué ninguna foto porque está prohibido, o eso fue más bien lo que Teresa pensó, así que tendréis que ir allí vosotros mismos para verlo todo. Para no perderos por el laberinto artístico, hay guías disponibles en Nintendo 3DS (esto sí que es curioso).

Para reducir el tiempo de turismo, decidimos coger el metro para ir a la Tour Eiffel ("la Torre Eiffel"). Paramos cerca del denominado Arc de Triomphe ("Arco del Triunfo").


Y al fin llegamos al centro de atención de la ciudad: una antena de radio. Según mi padre, la hicieron más pesada de lo que debería ser.


Ya eran las 13:00, pero mi padre no podía aguantar más su malestar; necesitaba ir al hotel de inmediato, sobre todo porque teníamos que ir a comer y esperar al taxi de las 16:00, así que volvimos a coger el metro. Me encanta el metro, pero he de admitir que hay que tener mucho cuidado con los carteristas; los hay por toda la ciudad.

Una vez llegó el taxi, mi padre y yo comenzamos a despedirnos lentamente de París hasta llegar al aeropuerto. Tras la llegada, tuvimos que esperar unas dos horas, hasta las 20:00, para el embarque en el avión, con el consiguiente despegue de las 20:45. A las 23:15, ya en el Aeropuerto de Málaga, cogimos un taxi más y volvimos a casa.

Como "souvenirs" ("recuerdos"), yo me traje fotos, mientras que mi padre se trajo muchas más fotos, un libro y una gripe muy grave. A los frioleros no os recomiendo ir a este sitio en invierno, ni tampoco a los asmáticos; será encantador en esta época del año, pero para mi padre y para mí, es mucho mejor ir en verano. Espero que hayáis aprendido una gran lección.

¡Eso es todo!

17 nov 2019

Aventura en el Amazonas


O algo así. El lugar de los hechos se llama Aventura Amazonia, así que el juego de palabras era obligatorio.

Parece ser que Miguel Ángel (si no le conocéis o lleváis tiempo sin verle, es el hombre que está en la esquina inferior derecha; ha cambiado drásticamente desde la última vez que le vi, a juzgar por la foto de una entrada anterior a esta y muchas otras más) fue el responsable de todo esto. Decidió reunir ayer a varias familias, incluyéndonos a mi padre y a mí, para una experiencia típicamente inolvidable.

Sin embargo, aunque yo haya estado aquí por primera vez, no es la primera vez que vivo este tipo de experiencias. Ya había pasado por casi lo mismo al menos un par de veces, sólo que en otros sitios. Había pruebas nuevas en distintos circuitos, pero en general, es todo lo mismo: escalar, caminar y saltar. Y no todo el mundo tiene el mismo valor que yo; lo más sencillo me aburre, mientras que lo más complejo y dinámico me entusiasma, sabiendo que dispongo de un sistema de seguridad con garantía de protección de caídas (siempre y cuando se use bien, algo que yo, naturalmente, hice).

Cabe destacar la tirolina, lo más común en este tipo de parques. Es algo similar a planear. Si os soy sincero, yo preferiría volar por mis propios medios, pero esto es la vida real, así que hay que afrontar la triste realidad: no fui hecho para volar sin la tecnología diseñada para tal fin. Y, dado el tiempo que teníamos para completar tanto la iniciación como los circuitos adaptados a nuestros niveles, sólo pude superar el antepenúltimo y el penúltimo, dejando el último circuito pendiente para otra ocasión (los tres últimos de toda la zona, son para adultos y jóvenes).

No os especifico más detalles; el resto lo tenéis que ver vosotros mismos. Si disponéis del mismo valor, y de la misma fuerza y energía que yo, merecerá aún más la pena pasar por algo así.

¡Eso es todo!

14 oct 2019

Marbecon 2019


Otro año, otra edición. Ya van cuatro, y aunque la monotonía sigue ahí, las cosas siguen cambiando, motivo por el que tengo que escribir para vosotros.

El hecho de que sólo tenga una foto que compartir, no es un asunto del que tengáis que preocuparos; al fin y al cabo, este es mi blog y tenéis que verme para creerme. Esta vez, sólo asistí al evento el segundo día (en otras palabras, ayer) y me imaginé las consecuencias de no haber ido también el primer día: me quedé sin ciertos objetos que no esperaba encontrar allí, como videojuegos que no suelen estar por ahí (incluyendo la edición de los videojuegos). Junto a mi buen amigo Álvaro, e incluyendo una vez más a Met, vi que la organización de los puestos cambió. Quizás pueda considerar esto último como una mejora notable.

Hubo ciertos elementos que realmente caldearon el ambiente. Además de los típicos bailes y exposición de videojuegos, entre otras muchas actividades, se incluyó un karaoke (cabe destacar que utilizaron adaptadores y micrófonos de SingStar en un ordenador portátil para recrearlo, y eso que ni siquiera era SingStar de verdad, motivo que no me motivó para participar en el "coro").

El dinosaurio volvió; sin embargo, no fui capaz de sacarle una foto decente. Si hubiera sido Yoshi, yo habría tenido infinitas razones para sacarle una foto decente.

Ni rastro de Tails (y menos de Bubsy; el pobre es un caso perdido en el sentido de que es imposible encontrarlo tanto dentro como fuera del Palacio de Congresos). Tuve que conformarme con un llavero de él, además de varios pins y chapas de Sonic y Yoshi. He de decir que llevaba puesto un reloj de Sonic.

Ya os dije que no le pediría más dibujos a Lucía. Lo dije en serio. Me di por satisfecho. Y Álvaro tampoco le pidió nada. Pero eso no quiere decir que nadie obtuvo arte; hay más peces en el mar. Met se quedó maravillado con unos adorables peluches pertenecientes a otra artista que lo dejó encantado nada más ver sus productos. Como recompensa, la artista se ganó a otro gran seguidor.

Así concluye esta descripción de esta edición del evento. No olvidemos que el encuentro con amigos hizo que esta experiencia fuese más favorable. Hasta la próxima Marbecon, espero.

¡Eso es todo!